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Símbolo: Qué es el ayuno

Biblioteca · Cuidarte · 2 de 2

Vaciarse para escucharse Qué es el ayuno

Ayunar es dejar de comer durante un tiempo, a propósito: desde unas horas hasta varios días. Casi todas las tradiciones lo han practicado para limpiarse y para escucharse. La ciencia empieza a entender qué pasa en el cuerpo cuando no comemos, aunque todavía quedan muchas preguntas sin responder.

Estrella 63 de 769 minutos6 pasos8 fuentes

Cómo trabajarlo La práctica, a un toque.

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Antes de leer

¿Has oído que el ayuno «activa la autofagia»?

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MedidoSe puede comprobar.
No cuadraSe dice como un hecho, pero lo que se sabe no lo respalda.

Qué es

Pasar un tiempo sin comer, a propósito. Puede ser cada día unas horas, un día entero o varios días, casi siempre bebiendo agua.

Para leer

Toca un libro para sacarlo de la estantería.

  • Ayuno intermitente: comer solo en una franja del día y no comer el resto. Lo más común es 16 horas sin comer y 8 para comer (16:8). Quien no desayuna y cena pronto ya hace unas 12 horas.

  • Días alternos y 5:2: comer con normalidad unos días y muy poco o nada otros (por ejemplo, dos días a la semana).

  • Ayuno largo: de 24 horas a varios días, solo con agua o con caldos e infusiones. Los de varios días se suelen hacer con un médico.

  • Ayuno seco: sin comer ni beber. Es el más exigente y el menos estudiado (lo verás en el paso IV).

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De dónde viene

Es una de las prácticas más antiguas del ser humano: está en casi todas las religiones y, desde hace un siglo, también en la medicina.

  • En las religiones: el Ramadán en el islam (del alba a la puesta de sol, sin comer ni beber, durante un mes); la Cuaresma en el cristianismo, que recuerda los cuarenta días de Jesús en el desierto; el Yom Kipur en el judaísmo (unas veinticinco horas sin comer ni beber); el upavasa en el hinduismo; los monjes budistas, que no comen después del mediodía.

  • En los maestros: muchos buscadores ayunaron antes de una revelación. Según sus alumnos, el método de Mikao Usui, el fundador del Reiki, le llegó tras un retiro de ayuno y meditación en el monte Kurama.

  • En la medicina: en los años veinte, el médico alemán Otto Buchinger, que decía haberse recuperado de un reumatismo ayunando, abrió clínicas de ayuno con supervisión médica. Hoy siguen funcionando.

  • El ayuno intermitente se hizo popular en los años 2010, con los libros y los estudios sobre comer en una franja del día.

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Por qué significa eso

Porque el cuerpo está hecho para pasar ratos sin comer. Y porque vaciarse por fuera se ha vivido siempre como limpiarse por dentro.

  • Un cuerpo de cazadores y recolectores: durante casi toda la historia no hubo comida a todas horas. El cuerpo aprendió a guardar energía y a usarla cuando falta.

  • El cambio de combustible: al dejar de comer, el cuerpo gasta primero el azúcar que guarda en el hígado (el glucógeno). Cuando se acaba, más allá de unas 12 horas, empieza a usar la grasa y a fabricar cetonas, otro combustible. A esto se le llama el cambio metabólico.

  • El reciclaje de la célula: cada célula desmonta sus piezas viejas o dañadas y aprovecha el material. Se llama autofagia («comerse a sí mismo») y el ayuno la estimula.

  • La parte que no se mide: quien ayuna suele hablar de claridad, de silencio y de escucharse más. Por eso tantas tradiciones lo unen a la oración y la meditación.

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Qué se sabe y qué no

Que el cuerpo cambia de combustible se mide. Lo que eso hace por tu salud a largo plazo se está estudiando, y hay cosas que se dicen sin pruebas.

  • Medido

    Lo que se mide: el paso del azúcar a la grasa y las cetonas, más allá de unas 12 horas sin comer (Anton y otros, 2018; de Cabo y Mattson, 2019). En estudios con personas, el ayuno intermitente ha bajado el peso, la tensión y el azúcar en sangre.3,4

  • La autofagia: el japonés Yoshinori Ohsumi ganó el Nobel de Medicina en 2016 por descubrir cómo funciona; lo estudió en levaduras. Que el ayuno la aumenta se ha visto sobre todo en animales y en células (Bagherniya y otros, 2018). En personas apenas se ha medido, porque haría falta sacar tejido.2

  • No cuadra

    Lo que no cuadra: circula que la autofagia empieza a una hora exacta (12, 16, 32 o 72 horas, según quién lo cuente). No hemos encontrado ningún estudio que dé esa cifra en personas. Y la grasa no son células muertas: es energía de reserva.

  • Para adelgazar: un ensayo de un año, con 139 personas con obesidad, vio que limitar además las comidas a un tramo de 8 horas no adelgazaba más que solo comer menos (Liu y otros, 2022). A mucha gente el ayuno le sirve porque le resulta más fácil comer menos así.

  • Ayunos largos con médico: en un estudio con 1.422 personas que ayunaron de 4 a 21 días en una clínica, bajaron el peso y la tensión, y el 93 % dijo no pasar hambre. No había un grupo con el que comparar, así que no prueba que fuera por el ayuno (Wilhelmi de Toledo y otros, 2019).6

  • El ayuno seco: fuera del Ramadán, que son horas y no días, casi no hay estudios. El riesgo principal es deshidratarse, y eso puede dañar el riñón. Si te llama, hazlo con un médico a tu lado que sepa vigilarte.

  • A quién le conviene hablar antes con un médico: embarazadas o en lactancia, menores de edad, personas con diabetes que toman medicación, con bajo peso, con un trastorno de la conducta alimentaria (o que lo han tenido) y cualquiera que tome medicación. En estos casos, el ayuno solo con un médico que te acompañe. Esto es para conocerte y cuidarte: no es un tratamiento ni reemplaza a tu médico.

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Cómo trabajarlo

Poco a poco y escuchando a tu cuerpo. Empieza por alargar la noche, y alarga solo cuando te sientas bien.

  • Empieza por las 12 horas: cena pronto y desayuna más tarde. Si te sienta bien, prueba 14 y luego 16.

  • Bebe agua durante el ayuno. Infusiones y café solo, sin azúcar, también valen.

  • Aprende a distinguir el hambre: el hambre de verdad, del cuerpo, frente a la costumbre, el aburrimiento o la ansiedad. Apunta qué sientes y a qué hora.

  • Rompe el ayuno con suavidad: después de un ayuno largo, vuelve a comer poco y fácil de digerir.

  • Por si te encuentras mal: un mareo fuerte, palpitaciones o confusión no son «parte del proceso», son tu cuerpo pidiéndote parar. Come algo y, si no se pasa, deja que un médico te eche un vistazo.

  • Pregúntate: ¿cómo como cuando como de verdad por hambre? ¿Qué cambia en mi energía, en mi digestión y en mi cabeza?

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Fuentes

Para que lo compruebes tú.

  1. Asamblea Nobel del Instituto Karolinska, Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2016: Yoshinori Ohsumi, por los mecanismos de la autofagia (nobelprize.org).

    Lectura general

  2. M. Bagherniya y otros, The effect of fasting or calorie restriction on autophagy induction: a review of the literature, Ageing Research Reviews (2018).

    Citada en el paso IV

  3. S. D. Anton y otros, Flipping the metabolic switch: understanding and applying the health benefits of fasting, Obesity (2018).

    Citada en el paso IV

  4. R. de Cabo y M. P. Mattson, Effects of intermittent fasting on health, aging, and disease, New England Journal of Medicine (2019).

    Citada en el paso IV

  5. D. Liu y otros, Calorie restriction with or without time-restricted eating in weight loss, New England Journal of Medicine (2022).

    Lectura general

  6. F. Wilhelmi de Toledo y otros, Safety, health improvement and well-being during a 4 to 21-day fasting period in an observational study including 1422 subjects, PLOS ONE (2019).

    Citada en el paso IV

  7. Cleveland Clinic, Dry fasting: los riesgos del ayuno sin agua (health.clevelandclinic.org).

    Lectura general

  8. El Corán, sura 2, aleyas 183-187 (el ayuno de Ramadán); Levítico 16, 29-31 (el Yom Kipur); Mateo 4, 2 (los cuarenta días).

    Lectura general

En primera persona

Mi experiencia

Yo nunca desayunaba. Sin darme cuenta, ya hacía ayuno intermitente: doce horas o más sin comer, cada día.

Cuando empecé a buscar información sobre el ayuno, leí que a partir de unas 32 horas el cuerpo entra en una especie de modo alerta: empieza a deshacerse de lo que no le sirve y a regenerarse. Me picó la curiosidad y empecé a probar, paso a paso. Un día me marqué 18 horas, otro día 24, y así hasta llegar a 72 horas sin comer nada sólido. El ayuno seco, sin agua, todavía no lo he hecho.

Antes hacía tres comidas al día y comía una barbaridad, y mi peso no cambiaba. Con el ayuno, mi cuerpo se ha equilibrado. Se me ha regulado el hambre. Ha mejorado mi salud, ha mejorado mi energía y ha mejorado mi digestión.

Y lo más importante: ahora escucho mejor a mi cuerpo. Sé distinguir muy bien cuándo tengo hambre de verdad. Ya no tengo horario: como cuando tengo hambre. Lo mismo paso 24 horas sin comer y como al día siguiente, aunque casi siempre se queda en una comida al día. Mi vida fluye mucho más ligera.

Y hay algo más que no se mide: en ayuno me siento más conectado. Con eso que Jacobo Grinberg describía en su teoría sintérgica, la trama de la que todos formamos parte, que unos llaman naturaleza, otros Dios y otros universo. Las meditaciones en ayuno son otro nivel, por así decirlo.

Puede que en algunas cosas que leí al principio me confundiera; arriba tienes lo que dicen los estudios. Esto es lo que yo he vivido, poniéndolo a prueba en mí. Y de eso se trata: de conocer tu cuerpo y de probarte, para saber qué te va bien. No de seguir lo que te han dicho que hagas, sino de cuestionarte por qué lo haces. Entenderás que eres libre y que quizá tu cuerpo no funciona como el de todos los demás.

Es lo que siempre digo: toda práctica que te llegue, sea de meditación, de ayuno o de lo que sea, analízala, pruébala y quédate con lo que te sirva, con lo que resuene contigo. Lo que no, descártalo. Y adáptala a tu vida, a tu forma de estar y de presentarte al mundo. Una práctica rígida quizá no va contigo: aprende a adaptar y a descartar lo que no te sirva.

Eso sí: antes de probar, aprende a escuchar tu cuerpo. Ve poco a poco, que nadie conoce tus límites mejor que tú. Probar empieza por cuidarte.

Kaelion

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