Nakkai
Sobre mí
No vengo de ninguna escuela espiritual ni tengo títulos colgados en la pared. No terminé la ESO. Llevo trabajando desde los quince: en la obra, sirviendo mesas, de comercial, recogiendo chatarra y cartones. Vengo de una familia normal y del barro.
De la raíz a la corona
Durante años viví en automático: trabajo, prisa y repetición. Mi vida daba vueltas en el mismo bucle y yo lo llamaba normal. Era el primer escéptico: mi fe estaba en lo que se toca.
Hasta que la vida me paró en seco: un accidente a 120 kilómetros por hora. Salí ileso, pero me quedé con las manos vacías, y elegí que aquello no fuera el final, sino el principio. Empecé de cero y, en ese vacío, apareció mi propia carta. No fue una creencia: fue un reconocimiento.
En el silencio me rompí. Y al romperme entendí que no me faltaban respuestas: me faltaba dejar de mentirme. Empecé a decir «te amo» de verdad, y todo a mi alrededor empezó a cambiar.
Hoy vivo mi verdad. Tengo días de nubes y de esfuerzo, como todos: la victoria no es estar feliz las veinticuatro horas, es ser libre. Y lo que encontré es sencillo: Dios no es otra cosa que encontrarte a ti mismo. Cree en ti y creerás en Dios.
Por qué existe Nakkai
Todo lo que sé lo encontré a base de buscar, probar, equivocarme y volver a empezar, con la información repartida en mil sitios y mucho humo por medio. A mí me habría ayudado muchísimo encontrar un lugar así: todo junto, explicado de dónde viene, y con herramientas para seguir. Por eso hago Nakkai.
No me creas. Investiga, compara y ponlo a prueba. Pregúntate por qué un tipo como yo te está hablando de coherencia y de alma. Y recuerda: el juego no ha terminado. Todavía hay una jugada más.
La historia entera
Lo demás, sin filtro, está en el libro.
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